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Published on 6 de octubre de 2015 | by MPG

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7 pasos surrealistas para ser una mamá lesbiana

 

Por Sara de la Torre

Cada vez somos más las personas que tenemos hijos con nuestras parejas del mismo sexo. En el caso de los chicos, el trámite pasa por la adopción o (fuera de España) los embarazos subrogados. En el de las chicas, es mucho más fácil, sólo tienen que someterse a un tratamiento de fertilidad y esperar que este funcione. O así  debería de ser…

La realidad es que la ley de matrimonio homosexual dejó numerosos vacíos legales y a algunas personas la maternidad nos ha enfrentado a situaciones realmente esperpénticas.

Estos son las 7 situaciones más surrealistas por las que pasamos mi mujer y yo para ser madres:

  1. No todos los médicos de la seguridad social autorizan el trámite para una fecundación in vitro a parejas del mismo sexo. En nuestro caso, el médico de cabecera ya nos advirtió que el de la zona no lo haría, por lo que decidimos optar por una clínica privada. En los últimos años hemos conocido mujeres en las dos circunstancias: que no tuvieron problemas para hacérselo por la Seguridad Social y otras a las que sus médicos les negaron la opción.
  2. Después de numerosos tratamientos —o de uno sólo si tienes muchísima suerte—, te quedas embarazada y tienes tu primer hijo o tu primera hija. Como procede con un nacimiento vas a inscribirla al registro civil de tu ciudad y… ¡sorpresa! El secretario judicial te dice que no sabe cómo se registra a una niña con dos madres…
  3. Cuando, por fin, consigues dar con alguien que sabe cuáles son los trámites para registrar a tu hija, alucinas pepinillos con la documentación: además del habitual libro de familia y el famoso papel amarillo del hospital, nos hicieron presentar el consentimiento informado firmado por las dos madres del tratamiento de fertilidad, informe del ginecólogo en el que se especifica que el embarazo se ha producido por inseminación artificial, declaración jurada ante un juez por parte de mi mujer aceptando la maternidad del bebé (a pesar de que estábamos casadas años antes de iniciar el tratamiento) , etc… Cuando lo contamos, nadie se lo cree.
  4. De nuestra primera hija conservamos embriones y decidimos ir a por la segunda, y que, en esta ocasión, la tuviera mi mujer. Ding-dong, vacío legal. El hospital no sabe si se puede o no se puede hacer y tiene que enviar la consulta a la comisión ética del Ministerio de Sanidad. Un año después, nos dicen que no, que no es ético…
  5. Decidimos entonces que se someta ella al tratamiento. Ding-dong, no puede. La ley dice que una pareja no se puede someter a un tratamiento de fertilidad si tiene embriones congelados previamente.
  6. Pensamos en divorciarnos, para facilitar el trámite. Finalmente llamamos a varias clínicas y conseguimos que una, en otra Comunidad Autónoma, aceptara ponerle a mi pareja mis embriones congelados al existir un vacío legal al respecto. En este trámite, el director de ginecología de la clínica Quirón nos dice que él no lo hace porque hay parejas que merecen más que nosotras tener hijos. Capullo.
  7. No conseguimos que los embriones prosperen y volvemos a nuestra primera clínica para iniciar un nuevo tratamiento de fertilidad. Como tenemos el seguro médico de la Asociación de la Prensa que da derecho a un tratamiento de fertilidad subvencionado, decidimos hacer uso de nuestro derecho para evitar un nuevo desembolso (sobre 6.000 €). Ding-Dong, sorpresa. El servicio de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) deniega nuestra petición alegando que, al tratarse de dos mujeres, no existe problema de fertilidad. Nos quedamos de cartón piedra. Y nos cagamos en sus muertos.

Actualmente, y milagrosamente, somos madres de dos niñas. Ha sido una lucha titánica de superar obstáculo tras obstáculo administrativo. Seguro que me dejo alguno. Pido a los señores que hacen las leyes, que la próxima vez que desarrollen una de la dimensión de la del matrimonio homosexual, se acuerden también de legislar todo lo que las rodea.

 

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